Una cátedra universitaria reúne arte, neurociencia y educación para explorar cómo pensamos, creamos y entendemos el mundo.

Cada año, durante el mes de marzo, se celebra la Semana del Cerebro, una iniciativa internacional que busca concienciar a la población sobre la importancia de la salud cerebral y el papel que cumple el cerebro en nuestra vida cotidiana. Esta campaña reúne a universidades, centros de investigación, museos y organizaciones científicas de todo el mundo con el propósito de fomentar el apoyo a la ciencia del cerebro y difundir los avances y beneficios de la investigación en neurociencias.
En Colombia, esta conmemoración convoca a diferentes instituciones académicas y científicas, entre ellas el Colegio colombiano de Neurociencias, así como espacios de divulgación científica como Maloka, que promueven actividades para acercar estos conocimientos al público a través de experiencias educativas, culturales y artísticas.
En este contexto, y a propósito de la programación que explora los vínculos entre arte y ciencia, conversamos sobre la Cátedra de Arte y Cerebro, un proyecto académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia, que desde hace más de veinte años reúne a estudiantes, científicos y artistas para investigar la mente humana a través del arte.
Este año, la Cátedra de Arte y Cerebro inició una nueva etapa tras un breve receso. Su relanzamiento tuvo lugar en el Museo de Arte Miguel Urrutia, donde se presentó el performance Co-incidir, una propuesta de neurociencia, arte y tecnología creada por el colectivo M.E.A.N. (Medicine, Engineering, Arts and Neuroscience), conformado por médicos, ingenieros y artistas. En esta experiencia se generan música y visuales en tiempo real a partir de ondas cerebrales, explorando nuevas formas de conexión entre ciencia y creación. Durante la jornada también se realizó una conferencia del médico y neurocientífico Roberto Amador López, quien recordó los orígenes de la iniciativa y reflexionó sobre su evolución a lo largo de más de dos décadas. En esta nueva fase, la cátedra estará liderada por Danilo García, médico neurocientífico y profesor del Departamento de Morfología.
En un contexto donde el conocimiento suele fragmentarse en disciplinas cada vez más especializadas, iniciativas como esta recuerdan que comprender al ser humano requiere integrar distintas miradas. Durante más de veinte años, la cátedra ha reunido a estudiantes, científicos, artistas y educadores para explorar una pregunta central: ¿qué podemos aprender sobre el cerebro cuando lo observamos a través del arte?
El arte como puerta para entender el cerebro
La cátedra surgió a comienzos de los años 2000 por iniciativa de Roberto Amador López, médico, neurocientífico y pintor. La idea empezó a gestarse en conversaciones informales con estudiantes después de clase.
“Los estudiantes me decían: si a usted le gusta el arte y además es neurocientífico, ¿por qué no nos enseña el cerebro a través del arte?”.
Lo que comenzó como un intercambio espontáneo de ideas se convirtió con el tiempo en un espacio académico que propone una reflexión interdisciplinaria sobre el pensamiento, la creatividad y la condición humana.
Para Amador, el punto de partida es claro: entender el cerebro implica comprender al ser humano en toda su complejidad.
“Lo más importante es entender al ser humano. Para hacerlo necesitamos que dialoguen las ciencias humanas con las ciencias naturales. El arte y la estética son una forma de lograr ese encuentro”.
Desde esta perspectiva, el arte no es solo una expresión cultural, sino también una herramienta para explorar cómo pensamos, cómo sentimos y cómo construimos nuestras realidades. En la cátedra, los estudiantes investigan conceptos científicos y luego los traducen en experiencias creativas: performances, intervenciones artísticas o proyectos interdisciplinarios.
Con el tiempo, este enfoque dio lugar a una línea de reflexión que Amador denomina humanización, centrada en comprender la experiencia humana desde el cruce entre ciencia, filosofía y arte.
Cuando el arte activa el cerebro: crear también es una forma de investigar
Esa dimensión interdisciplinaria es uno de los aspectos que más destaca el músico, docente e investigador Edgar Puentes Melo, quien ha participado en el desarrollo del proyecto desde una perspectiva distinta.
Puentes —músico profesional, ingeniero de sonido e ingeniero de sistemas— describe la cátedra como un laboratorio académico donde convergen distintas áreas del conocimiento.
“Lo interesante es ver equipos donde trabajan arquitectos, ingenieros, médicos, enfermeros y artistas alrededor de un mismo problema. Investigan juntos y luego traducen ese conocimiento en una puesta en escena artística”.
En sus primeras etapas, la cátedra buscaba analizar enfermedades neurológicas —como Alzheimer o Parkinson— a partir de estudios de caso, incluyendo ejemplos de artistas que experimentaron alteraciones cognitivas o formas de pensamiento fuera de lo convencional. Con el tiempo, el enfoque se amplió hacia una exploración más amplia del cerebro, la creatividad y el conocimiento.
Un diálogo que viene de lejos
Para Puentes, el encuentro entre arte y ciencia no es una tendencia reciente, sino una constante en la historia del conocimiento.
“Uno de los problemas actuales es pensar que este diálogo es algo nuevo. En realidad, siempre ha existido”.
El investigador suele citar el caso de Galileo Galilei. El científico creció en un entorno profundamente musical: su padre, Vincenzo Galilei, era compositor y teórico de la música. Según Puentes, muchas de las metodologías de medición que Galileo utilizó en sus experimentos estaban influenciadas por estructuras rítmicas propias de la música.
Este ejemplo ilustra una idea central: la innovación suele surgir cuando se cruzan distintos lenguajes del conocimiento.
Pensar el cerebro como una red
El diálogo entre arte y ciencia también permite cuestionar algunos paradigmas tradicionales sobre el funcionamiento del cerebro. Durante mucho tiempo se difundió la idea de que el cerebro estaba dividido entre un hemisferio racional y otro emocional. Hoy se sabe que esa visión es una simplificación.
Según Puentes, las investigaciones contemporáneas muestran que el cerebro funciona como una red altamente interconectada. En ese contexto, la creatividad y la inteligencia están vinculadas a la capacidad de establecer conexiones diversas entre ideas y experiencias.
El neurocientífico Rodolfo Llinás lo resume con una frase que Puentes suele citar: una persona más inteligente es, en esencia, una persona “mejor cableada”, es decir, alguien con más conexiones neuronales y más variadas.
Desde esta perspectiva, el pensamiento creativo —capaz de ver relaciones donde otros no las perciben— es una capacidad que comparten tanto artistas como científicos.
Una pedagogía para el presente
Después de más de 25 años de experiencia, Amador considera que este tipo de aproximaciones interdisciplinarias son cada vez más necesarias, especialmente en una época marcada por la aceleración tecnológica.
“Hoy tenemos un enorme desarrollo tecnológico, pero necesitamos fortalecer la dimensión humana. Conceptos como empatía, apego y humanización son fundamentales”.
Para el médico, comprender mejor al ser humano —desde la ciencia y desde el arte— también puede contribuir a construir sociedades más conscientes y, eventualmente, más pacíficas.
Un proyecto que sigue evolucionando
Aunque Amador se ha retirado de la docencia universitaria, la cátedra Arte y Cerebro continúa su camino. En esta nueva etapa, la cátedra —adscrita a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia— busca consolidarse como un espacio de encuentro entre arte, ciencia y tecnología, convocando a estudiantes, investigadores y a la sociedad en general.
Para Danilo García «Arte y Cerebro ha sido un espacio fundamental durante las últimas décadas en escenarios académicos y artísticos. En esta nueva era, la idea es continuar con este legado y expandirlo, mostrando a la sociedad las estrechas relaciones entre el cerebro y el arte, que nos permiten ampliar lo que sabemos sobre nosotros mismos». Además, «En la actualidad el desarrollo de proyectos de arte, ciencia y tecnología es una tendencia que busca mejorar la salud y el bienestar tanto de los individuos como de las comunidades.
Así mismo, se proyecta como una plataforma para el desarrollo de proyectos con aplicaciones en salud y bienestar, fortaleciendo alianzas con instituciones como la Pontificia Universidad Javeriana, la Orquesta Filarmónica de Bogotá, los Museos del Banco de la República, Plataforma Bogotá y Maloka.
Más que un curso académico, la cátedra se ha convertido en un punto de encuentro entre disciplinas que normalmente no dialogan. Un lugar donde científicos y artistas comparten una intuición común: para entender el cerebro, quizá también sea necesario entender la creatividad, la sensibilidad y la experiencia humana.
En esa misma línea, espacios como Maloka no solo promueven la divulgación científica, sino también la apropiación social del conocimiento, entendida como un proceso más amplio que integra y trasciende la comunicación de la ciencia. Desde allí, se busca acercar estas conversaciones al público general, fomentando encuentros entre arte, ciencia y sociedad durante celebraciones como la Semana del Cerebro.
En un tiempo en el que las fronteras entre disciplinas comienzan a desdibujarse, iniciativas como esta muestran que la innovación no siempre surge de especializarse más, sino de volver a conectar saberes que alguna vez caminaron juntos.

